Casos·5 min de lectura·21 de julio de 2026

De vender por mostrador a una tienda online con 5 sucursales

Cómo una pinturería de La Rioja pasó de atender solo por mostrador y WhatsApp a vender online, cobrar con tarjeta, cotizar sus envíos y administrar todo su catálogo sin depender de nadie técnico.

Una pinturería con cinco sucursales en La Rioja. Un negocio que funciona, con clientes que vuelven y un equipo que conoce el rubro.

Pero toda la venta pasaba por el mostrador o por WhatsApp. El catálogo vivía en la cabeza de los vendedores. Y un cliente que quería saber si había un producto, de qué marca y a qué precio, tenía que llamar o ir hasta el local.

El punto de partida

El objetivo no era "tener una página". Era que el negocio pudiera mostrar su catálogo completo, recibir pedidos online y administrar todo sin depender de nadie técnico.

Ese último punto es el que casi siempre falta. Muchas empresas tienen una web que no pueden tocar: para cambiar un precio hay que llamar al que la hizo. Eso no es una herramienta, es una dependencia.

Qué construimos

  • Una tienda online completa, con el catálogo organizado por categorías, variantes por color y tamaño, y búsqueda.
  • Un panel de administración propio: el equipo carga productos, cambia precios y sube imágenes desde un editor visual, sin tocar código y sin llamar a nadie.
  • Pedidos online sin fricción: el cliente arma su pedido y lo confirma sin necesidad de crearse una cuenta. El negocio lo recibe con un correo automático y lo gestiona desde su panel de órdenes.
  • Las cinco sucursales integradas, con sus direcciones y contacto, para que el cliente elija dónde retirar.
  • Cobro online: el cliente paga al confirmar el pedido. El stock queda reservado mientras el pago se procesa, y se libera solo si no se completa.
  • Costo de envío calculado solo: el sitio cotiza el flete con el peso y las medidas reales de cada producto contra el domicilio del cliente. Nadie lo calcula a mano.

Cómo se trabajó

Con el método de siempre: alcance cerrado, precio cerrado, y el proyecto dividido en fases. La Fase 1 se construyó, se puso en producción y se entregó funcionando. La Fase 2, con cobro online y cotización de envíos, llegó después: cuando el negocio ya estaba vendiendo y sabía qué necesitaba.

Trabajar por fases no es un detalle comercial. Es lo que permite que una empresa incorpore tecnología sin apostar todo de entrada: cada fase entrega algo que funciona y se paga solo la siguiente si tiene sentido.

El resultado

Hoy la tienda está en producción, cobra online, cotiza sus propios envíos y el equipo administra el catálogo entero (productos, precios, imágenes) sin depender de nadie.

De vender solo por mostrador y WhatsApp, a tener el catálogo abierto las 24 horas, con pedidos que llegan cobrados y con el envío ya cotizado. Sin cambiar la forma de trabajar del equipo: la herramienta se adaptó al negocio, no al revés.

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